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domingo, 25 de octubre de 2009

Ona Janusiene

Ona Janusiene, de 47 años, falleció el pasado 6 de octubre en el Hospital Doctor Moliner de Serra, tres meses después de ser apaleada y violada por su novio y un amigo junto al cementerio municipal de Valencia.La familia de la mujer se personará como acusación particular en el juicio contra los dos acusados, en prisión provisional y a quienes se les imputan los delitos de homicidio y agresión sexual.
La novena víctima mortal de la violencia machista en la Comunitat Valenciana, dejó su pueblo natal en Lituania, Pavandené, hace ya ocho años para buscar un futuro mejor para su hija, enferma del corazón. Sin embargo, las dificultades de la inmigración y la falta de trabajo la llevaron a vivir en la indigencia los últimos días de su vida.Su familia, que le había perdido la pista desde hace un par de años, conoció su paradero actual pocos días después de la brutal paliza propinada, presuntamente, por su novio y una amigo de éste. "Nos dijeron que estaba en el hospital muy grave, que le habían violado y pegado hasta dejarla en coma", explicó Ignanas Tekorius, hermano de la mujer asesinada.Ignanas confiesa que cuando le notificaron la noticia pensó en trabajar duro en su país durante unos meses para poder ahorrar algo de dinero y así viajar a Valencia a ver a su hermana. Sin embargo, la muerte de Ona, el pasado 6 de octubre, hizo que el sentido de este viaje cambiara de forma radical.
Cuando a principios de esta semana llegó a España, los trámites burocráticos para recuperar y repatriar los restos de su hermana habían sustituido a ese soñado encuentro familiar que jamás llegó a producirse. "Me hubiera gustado despedirme de ella", apuntó Ignanas.Ahora, sus esfuerzos se centran en poder solventar cuanto antes la repatriación del cadáver y en dejar todos los cabos judiciales atados antes de partir de nuevo a Lituania. De hecho, la familia de la víctima se va a personar como acusación particular en la causa contra los dos detenidos, que se encuentran en prisión provisional acusados de un delito de homicidio y otro de agresión sexual.
Según explicaron los familiares de Ona, querían repatriar el cadáver pero ante la falta de recursos económicos han optado por incinerar el cuerpo y trasladar sus cenizas a Lituania. "Nos han dicho que hasta que no esté el informe definitivo de la autopsia no podemos incinerar el cuerpo", apuntó Ignanas, quien espera que en breve tengan los resultados para poder regresar a su país natal con los restos de su hermana.
En caso de alargarse la autopsia y no poder incinerar el cuerpo, "tendremos que enterrarla aquí", confirmó su hermano, ya que repatriar el cadáver cuesta unos 5.000 euros, "dinero que no tenemos", se lamentó.
Ona, de 47 años, creció en un pequeño pueblo de Lituania, Pavandené, junto a sus tres hermanos. Ignanas recuerda de ella que era muy buena estudiante. "A veces nos hacía los deberes del colegio, era muy lista", apuntó. En su juventud estuvo trabajando de dependienta en una tienda.Siendo joven se casó con un hombre de su mismo pueblo. Sin embargo, Ona nunca tuvo suerte en el amor. Después de divorciarse de su marido empezó una relación sentimental con otra persona, fruto de la cual nacería su hija Gintare, que actualmente tiene 12 años. Cuando el padre de la pequeña la abandonó, la niña todavía era un bebé. Ona tenía que sacar adelante a su hija y las penurias de un país ex soviético le impedían tener una trabajo digno con el que poder mantenerla.
Además, la niña padecía problemas del corazón y requería de una dedicación y medicación especial. Todo ello la llevó a tomar una importante decisión, dejar su país y a su propia hija para buscar un futuro mejor para la niña en el extranjero."Ona vino a España a buscar trabajo y dinero para pagar las medicinas de su hija", asegura su hermano. La niña por aquel entonces tenía apenas unos cuatro años, según recuerda Ignanas.
Todos los meses mandaba dinero a Lituania para pagar los gastos de la niña, que desde entonces vive con su abuela materna y sus tíos.Su vida en España tampoco fue fácil. Según explicó a sus familiares a través de las cartas que les enviaba desde España, estuvo varios años en Huelva, donde se ganaba la vida trabajando en el campo.
En una ocasión, hace unos seis años, Ignanas, que es el pequeño de los hermanos, viajó a España para visitarla. Esa fue la última vez que la vio con vida.

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entrada de tribulete @ 9:53

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