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viernes, 10 de julio de 2009

Dean Corll

Dean Corll era conocido como “The Candy Man” (El Hombre de los Dulces) debido a que durante años trabajó en la fábrica de dulces que tenía con su madre. Corll era famoso por dar dulces a los niños, de ahí el mote que le pusieron.
Posteriormente Dean Corll trabajó como electricista para la compañía de Luz y Fuerza de Houston.
Un día, tres amigos (dos hombres y una mujer llamada Rhonda) llegaron inesperadamente a la casa de Corll (a él no le gustaba que llegaran a su casa sin avisar).Tras unas cervezas y un poco de hierba, Corll estaba de mejor humor. Cuando los tres amigos despertaron, estaban atados de pies y manos. Corll se acercó a uno de ellos y le dijo: “¡Los voy a matar a todos!, pero primero me divertiré un poco”.
Uno de ellos, Henley, le pidió a Corll que lo desatara, que le ayudaría a llevar a cabo sus torturas, pero que lo dejara vivir. De alguna manera, logró convencer a Corll y ambos bajaron a los otros dos al sótano, donde Corll tenía su cámara de torturas. En un descuido de Corll, Henley tomó una pistola y le disparó seis veces en el pecho y la cabeza a su captor, después llamó a la policía.
Los tres adolescentes fueron llevados a la estación de policía para ser interrogados y el cuerpo de Corll terminó en la morgue.
La casa de Corll llamó poderosamente la atención de los investigadores. En la recámara, la albombra había sido cuidadosamente cubierta con trozos de plástico y había un tablero montado en la pared con toda clase de esposas, cuerdas y otros instrumentos. Había también un cuchillo de bayoneta, un dildo enorme, mucha cinta de aislar, tubos de cristal y lubricantes.
En la estación de policía, Henley le dijo a los detectives que Corll era un homosexual y pedófilo, quien le pagaba para que le llevara niños a los cuales Corll asesinaba y enterraba. Todo esto contrastaba abiertamente con la versión de los vecinos y de los padres de Corll, quienes decían que éste era un buen hombre, que amaba a los niños, que no era homosexual ni violento. Todo esto hubiera tenido sentido si las autoridades no hubiesen hallado los implementos de tortura en la casa de Corll.
Pero las cosas se estaban poniendo difíciles para la policía. Todos los testigos abogaban por Corll y no paraban de decir maravillas de él. Una exnovia de Corll dijo que había salido con él durante cinco años y que jamás había conocido a un hombre más amable y generoso. Le gustaba ayudar a las personas, que incluso regalaba su televisor a quien lo necesitara y aunque no fue una relación de tipo sexual, eso era porque Corll pensaba que eso debía reservarse para el matrimonio. Y Corll decía que con su actual empleo no podía permitirse contraer matrimonio, pues se negaba a que ella trabajara.
Entonces apareció un adolescente homosexual que se hacía llamar a sí mismo “Guy” y que dijo que Corll siempre había sido bueno y considerado con él, que había visto los artefactos de tortura que Corll tenía en su casa pero que parecía que él las tenía ahí como una simple colección, no para usarlas en alguien vivo.
Corll nació el 24 de diciembre de 1939, en Fort Wayne, Indiana. El matrimonio de sus padres no era muy bueno y se divorciaron cuando Dean Corll tenía seis años. Sin embargo, en 1950, sus padres volvieron a unirse y se mudaron a Houston, pero volvieron a separarse tres años después.
Dean fue diagnosticado con un soplo cardiaco que puso fin a sus aspiraciones atléticas, y en lugar de ello se dedicó a estudiar música. Tocaba el trombón en su escuela. Era un estudiante promedio, pero se distinguía por su buen comportamiento y por su aspecto impecable
Mary, la madre de Dean, comenzó a hacer dulces de nuez. Él la ayudaba y entregaba los dulces que vendía su madre. Poco después, Dean se fue a Indianápolis para cuidar de su abuela y para cuando regresó a Houston, dos años después, su madre había convertido el garage en una tienda de dulces. Hacían los dulces de noche, mientras que en el día Dean trabajaba como electricista.
En 1964 Dean fue el ejército, pero fue dado de baja un año después y regresó con su madre. Años después, cerraron la tienda de dulces, su madre se mudó a Colorado con un nuevo marido y Dean quedó solo en la casa.
Wayne Henley, aquél que había disparado a Corll, dijo a la policía que éste había matado a varios niños, y que los enterró en un terreno cerca de donde tenía un bote. Cuando se pusieron a cavar, comenzaron a surgir cuerpos cubiertos en cal. Algunos mostraban signos de haber muerto por un disparo, mientras que otros parecían haber sido estrangulados.
Tras un día, y con ocho cuerpos descubiertos, las autoridades volvieron a interesarse en Henley, quien dijo que él jamás participó en la tortura de los niños, pero que fue testigo de las atrocidades que cometí a Corll. Entre las confesiones de Henley y de David Brooks, otro “ayudante” de Corll, comenzó a surgir un escenario aterrador hasta que finalmente Henley no toleró la presión de los interrogatorios confesó haber tomado parte en la tortura de los chicos, muchos de los cuales eran castrados como parte del ritual.
Para el segundo día de las excavaciones, la cuenta de cuerpos era de 17 y después de 27

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entrada de tribulete @ 15:31

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